Text: Juanjo Cornelles
Durant anys es van realitzar nombroses obres perquè les nostres barques pogueren faenar a la mar Mediterrània, a la recerca de peixos i crustacis. Les aigües de l’Ebre, en barrejar-se amb les del mar, entelen de vegades la nostra costa, però també ens regalen un sabor únic que trobem en tantes receptes que degustem.
Tanmateix, no totes les obres haurien de desmillorar el nostre paisatge marítim. Un exemple és la desapareguda Llotja antiga, un símbol que hui lamentem haver perdut. Per això és tan important cuidar la imatge que oferim cap a l’exterior, especialment en un entorn turístic com el nostre, on tothom pot gaudir del port sense obstacles que impedisquen veure allò que molts voldrien tindre. Entre totes i tots, l’hem de protegir i valorar.
La historia del puerto de Benicarló
Texto basado en el libro Benicarló, sus calles de J. L. Constante
La construcción del puerto de Benicarló fue el resultado de dos grandes intentos a lo largo de la historia. El primero lo impulsó, a finales del siglo XIX, la Compañía del Puerto con capital privado. Entre sus promotores destacaba Manuel Palau y Esteban, quien fue alcalde de Benicarló entre noviembre de 1885 y finales de 1886. Palau, socio de la compañía “Viuda de Juan Eduardo O’Connor y Compañía” y vinculado al comercio, participó activamente en aquel proyecto de puerto comercial.
Antes de estos intentos, las labores de carga y descarga se hacían mediante chalupas que conectaban los barcos fondeados con la orilla.
Fue en 1927, dentro del Plan Quinquenal de Obras Públicas del gobierno del general Primo de Rivera, cuando se incluyó la construcción del puerto sobre el trazado proyectado cuarenta años antes. El proyecto, redactado por el ingeniero Sebastián Rascón, fue adjudicado en 1928 y el 28 de agosto de 1929 se colocó la primera piedra.
La Guerra Civil interrumpió temporalmente las obras, que finalmente se dieron por concluidas e inauguradas oficialmente el 30 de junio de 1944. Años más tarde se construyeron la lonja y el espigón que divide las dos dársenas del puerto.
En 1991 comenzaron nuevas obras de ampliación, consolidación y remodelación del puerto. Se alargó la escollera de levante y se intervino en la banqueta portuaria para permitir mayor calado en los tanques. En 1994 se retiraron algunos elementos instalados, debido —según parece— a la lentitud administrativa. Ese mismo año, el Ayuntamiento protestó por la acumulación de grava en la playa del Morrongo justo antes del verano. Las obras incluían también la construcción de una nueva lonja de pescado, aunque a finales de 1996 ésta aún no se había materializado.


